De repente estás en tu casa, yendo hacía tu trabajo de puta madre, en el que eliges tu horario y si quieres trabajar en casa o en la oficina, empoderada y con lideres de puta madre que te quieren y valora. Es viernes y te apetece salir y ver a la gente.
Suena tu telefono, esas llamadas que no debiste contestar o que quizás si pero aún añoras no haberlo hecho. Una oferta, el triple de lo que ganas, una multinacional también, un mejor cargo. Se te sube la avaricia a la cabeza y luego de pensarlo 3 días, lo decides, te vas, no hay vuelta de hoja, simplemente te vas y dejas atrás toda una vida, si, toda una vida porque aunque no eres conciente, empiezas a aprender y construir de nuevo.
Ese sueldo triple y ese cargazo, se traducen en horas y horas de trabajo, esperas el primer mes porque quizás es solo por el inicio; el segundo mes todo empeora, trabajas 18 horas al día, el estrés se apodera de tí, la vida se traduce en trabajar de Lunes a Domingo, ya no sales, no puedes dormir bien, pero tranquila, los inicios siempre son dificiles.
Te despiertas porque tienes el brazo dormido, te das cuenta que es porque no te puedes mover, es el tercer mes y el espasmo que tienes tan grande se podera de ti, te toca esperar que alguien se despierte y te escuche porque además, tienes el movil lejos. Pasan las horas te escuchan, te inyectan y a las pocas horas puedes moverte; te da un ataque de nervios y no puedes parar de llorar.
Sin saber qué hacer, piensas cual sería la mejor solución y como siempre, decides huir, porque eres cobrade y siempre has pensado que huir lo arregla todo, pero antes intentar volver a tu trabajo anterior y como estás tan mal, si la salida no fue buena decisión, esta, fue peor.
Totalmente desubicada, moralmente destruida y asustada como una niña perdida en una feria medieval pero con suficiente dinero para comprar chuches y andar hasta ser rescatada, tomas la decisión final: Huir.
Huyendo siguen las decisiones y empiezan las primeras veces ...
Comentarios
Publicar un comentario